
No hay nada como ir al cine, sin muchas pretensiones, un domingo por la tarde, y salir absolutamente fascinada por una película.
Martin Scorsese, el director de "Shutter Island", siempre es una garantía, y Leonardo di Caprio, hace tiempo que empezó a serlo -o a mí me lo parece-.
De la trama sólo es necesario saber que dos agentes federales van a un centro de internamiento de presos mentales muy peligrosos, situado en una isla, para investigar la desaparición de una de las reclusas, acusada de haber matado a sus tres hijos.
La película mantiene la tensión desde el primer momento y llega un punto en que comienza a recordar -y mucho- a la maravillosa obra de Torcuato Luca de Tena, Los renglones torcidos de Dios, esa novela psicológica donde no se sabe quién es realmente el loco en toda la historia. Pero, sobre todo, la película lleva irremediablemente a Descartes y a su puesta en duda de todo lo que nos rodea. Con las ampollas que suele levantar su modo de pensar y el racionalismo que tiene que emplear para estar seguro de que sus sentidos no le engañan, ésta es una muy buena película para comprobar en qué casos se hace, más necesario que nunca, acudir a la buena filosofía.
Pues ya sabéis, otra más para la lista. A ver si así nos hacemos fuertes contra cualquier genio maligno.

